La importancia de hacer una revisión de la historia personal y familiar y del lugar que ocupamos en el sistema familiar de origen y actual, radica en que cuando nos relacionamos desordenadamente, sin niveles de jerarquía conscientes y claros, tendemos a “cargar”, identificarnos o apropiarnos de estados de sufrimiento ajenos que no nos corresponden.

Esto puede ser la razón por la que generemos enfermedades, repetición de patrones, relaciones de pareja repetitivos, ausencia de pareja, síntomas con los hijos, eventos dolorosos que se repiten como accidentes, traiciones, abandonos, entre muchas otras vivencias que sentimos que “nos sobrepasan” y nos dan un sentimiento de impotencia.

Cuando re direccionamos el flujo consciente familiar, ordenamos el sistema, se establecen jerarquías claras y conscientes, renunciamos al afán de querer cambiar a nuestros padres, soltamos lo que estábamos “cargando” familiarmente; se pueden curar las enfermedades, sanar las relaciones, lo repetitivo deja de ocurrir y hay espacio para nuevas posibilidades en diferentes áreas de la vida.

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