Nota: La siguiente es una comunicación electrónica que se publica 
de forma íntegra, con autorización del autorización del autor, quien
 decidió se comunicara bajo seudónimo.


Dr, Aranday:

Hace unos días leí en Twitter la conversación que mantuvo con @Drogoteca. Usted posteaba el caso de Marco Antonio, un joven que según entiendo, murió por un ataque alérgico que le inflamó los pulmones después de probar la cocaína por primera vez. Me llevó a reflexión la contrarréplica que hizo @Drogoteca, él contrasta los efectos secundarios de los medicamentos que se usan en psiquiatría con los de la cocaína, cito textualmente: “¿También avisas a cada paciente que le das una droga de todos los posibles efectos secundarios, hasta los improbables como ese?” “Dudo que asesores sobre medicación psiquiátrica: lo menos productivo es decirles “lo que les puede pasar según el papel” “Si claro…. solo en leerle el prospecto de lo que va a tomar tardarías el doble de lo que gastas en tiempo de consulta, coño!!”. Sin concederle de facto la razón al respecto de la forma, considero prudente abrir un debate serio al respecto del fondo que expresa, a todas luces, esta postura legítima.


Sirva de marco anecdótico que la mayor parte de mi carrera profesional la he desempeñado en distintas áreas del servicio público, y no en detrimento de mi punto de vista, sino en fortaleza del mismo, soy burócrata sindicalizado desde hace un poco más de 30 años. En base a lo anterior, reconozco que en México las políticas de Salud Pública ni siquiera alcanzan los criterios mínimos para considerarles “acciones higienistas” del siglo XIX. Los sistemas de Regulación Sanitaria a nivel Federal, Estatal y Municipal son una verdadera cueva de ladrones, entre cuyas acciones criminales está la de “licenciar” los giros negros de los que son clientes asiduos; cobrar uso de suelo a “centros cheleros” que operan frente a escuelas secundarias, preparatorias, universidades etc; hacerse de la vista gorda ante la venta de cigarros chinos, medicamentos caducos en los tianguis, permitir la venta de alimentos que son verdaderos caldos de cultivo de gérmenes mutantes etc.


Por otra parte la COFEPRIS se ha visto rebasada (o se ha dejado rebasar) por los productos milagro, compuestos herbolarios naturistas cuya principal sustancia es la pseudoefedrina y las hormonas tiroideas, el Capslim, bebidas alcohólicas adulteradas, Nesquik contaminado y con otra cara, de la mano de la CANIFARMA, los “servidores públicos” amasan fortunas y presumen viñedos obtenidos por la autorización de registros sanitarios como es el caso de la Nimesulida para uso pediátrico, la Sibutramina, el Metamizol, Pronokal, los anticonceptivos Yazmin, Aclimafel para la menopausia, Zelmac, Crestor y el retiro masivo de los medicamentos del laboratorio Bioquimed entre otros.


Ante esta red de complicidades que sería inocente negar, con todo respeto Dr Aranday, ¿Usted puede asegurar que las drogas que prescribe, en un momento desafortunado, no puedan generar reacciones “desconocidas” y letales como las del caso clínico que cita? ¿qué criterio debe normar la política al respecto de las drogas de abuso? Cualquiera que sea la respuesta nos abisma a un estado de vulnerabilidad y anticipa la urgencia de cuestionar dos modelos ¿legalizar o regular?….


En Octubre del 2010, la Revista Nexos, plantea que cada una de las “drogas” que desató la “Guerra de Calderón” que dejó aproximadamente 90 mil muertos, tiene efectos farmacológicos, riesgos médicos y efectos sociales distintos.


Desde mi personal punto de vista, sin ser experto en ciencias médicas, existen drogas que deberían legalizarse como la marihuana, los hongos, el peyote. Otras drogas como la cocaína, las anfetaminas y la morfina tendrían que regularse con el fin de reducir el daño al poder asegurar un grado mínimo de pureza, prevenir las enfermedades asociadas al consumo clandestino, luchar contra el estigma y terminar con el narcotráfico.


En el artículo antes referido proponen que regular implica separar los mercados de drogas y proteger a los consumidores permitiéndoles consumir con acceso a buena información sobre los riesgos.


Probablemente al aproximarnos, por lo menos en la discusión, a estos planteamientos puedan dejar de existir casos como el de Marco Antonio y podemos pretender ser una sociedad con menos simulacros.

@RICKHUNTERTECH

Enero 2013.

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